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    Artec de México

       Arte y Técnica al Servicio de la Conservación de Obras de Arte

 

 

Revista Arte y Negocios

 

         EL PROBLEMA DE LA LIMPIEZA

         EN LA RESTAURACIÓN DE UN OBJETO DE ARTE

 

       Para los que nos sentimos involucrados en el argumento restauración y conservación de arte sabemos cuánto es compleja la fase de la limpieza, una de las operaciones más delicadas y críticas del entero proceso conservativo. Remover un barniz, un repinte, una pátina natural o artificial es siempre una intervención intrínsecamente irreversible.

         Debido a su total irreversibilidad la operación de la limpieza debe de ser un proceso rigurosamente meditado, es decir, se debe de haber madurado el conocimiento profundo de la estructura así como el de la composición de la superficie pictórica.

         Cualquiera que sea el medio que permita la sustracción, un bisturí, un solvente, hoy un láser, es necesario que eso responda a tres puntos bien precisos: el primero consiste en saber qué remover; el siguiente, técnicamente más complejo, es saber hasta qué punto remover; y por último, con cuál medio remover.

       Se trata en primer lugar de un problema de selección de los estratos y de la composición, por lo que se requiere completo control de la operación.

       En la mayoría de los casos el objeto de eliminación es un barniz amarillento. Hoy en día, nadie, o casi nadie, procedería con la remoción total de un barniz. El objetivo correcto es adelgazar dicho barniz hasta llegar a aquella capa que nos permita restablecer el equilibrio tonal perdido o alterado, es decir, ir afinando el barniz respetando la huella del tiempo como valor histórico adquirido.

       Anteriormente el restaurador estaba expuesto a solventes altamente tóxicos para poder realizar esta operación tan delicada. En los 80’s se comenzó a ver un abandono progresivo de dichos solventes y sustancias tóxicas y regresaron los alcoholes, las trementinas, los quetones, como solución al problema de toxicidad. Desgraciadamente, estos solventes no alcanzaron satisfactoriamente su objetivo de limpieza sobre el objeto de arte.

      Por tal motivo, el estudio científico y más específicamente hablando, la química, entra en juego con más fuerza. En el último decenio se estudia el uso de fórmulas soportadas (aquellas que utilizan como base un gel o una papilla) muy concretas, cuyo fin es aquél de mejorar el tiempo de contacto entre el agente de limpieza y la superficie de la pieza de arte, evitando así, la difusión en profundidad mientras se aprovecha la acción del solvente que comparecerá contenido en geles idóneos. Dichos geles se conocerán como solvent-gels, mientras que aquellos que se apoyarán en el principio de la tensoacción serán conocidos como resin-soaps ( el estadounidense Richard Wolbers es el promotor de dichas aplicaciones).

        Sin embargo, a pesar de la utilización tanto de solvent-gels como de resin-soaps, no se han logrado satisfacer todas las problemáticas que la limpieza de una obra de arte puede presentar. Es evidente la falta de métodos científicos eficaces para los casos más complejos, por lo que sería prudente y estrictamente necesario invertir en la investigación científica con el fin de ofrecer alternativas cada vez más eficaces y sobretodo, menos nocivas tanto para la obra en sí como para el restaurador.  JRM

 

 

Revista Tempestad

 

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