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La
Conservación es un trabajo preventivo que se realiza sobre
el soporte de la obra de arte. La tela en el caso de una
pintura, la madera o metal en el de una escultura, el papel
en una acuarela, etc.
Su objetivo
es estabilizar la pieza y parar el deterioro natural o
revertir un daño ocasionado por descuido o por negligencia.
Los diferentes procesos del trabajo de Conservación,
implican una capacidad técnica de alto nivel, conocimiento y
manejo de las diferentes técnicas artísticas y gran
sensibilidad y aprecio por el arte. Cada proceso es en sí
una tarea completa, que debe ser realizada de manera óptima
para que en su conjunto permitan lograr la recuperación de
todos los elementos que conforman una obra de arte.
Como un requisito previo a la conservación,
se hace siempre un dictamen del estado en que se encuentra
la obra. El análisis físico es indispensable para determinar
el grado de deterioro de los materiales.
El restaurador cuenta con varias herramientas
de apoyo, como lentes de aumento y microscopios, o material
reactivo para medir la acidez de un papel; Las lámparas de
rayos UV, ayudan a determinar el grado de intervención en
una pintura; Los rayos X, que nos permiten ver el interior
de la obra, y en el caso de una escultura en madera a
detectar el paso y los túneles de los parásitos o los
elementos metálicos de la estructura interna, etc.
En el caso de una pintura hay innumerables
ejemplos de pinturas realizadas sobre obras anteriores,
cuando a falta de material, el pintor utilizó varias veces
la misma tela, etc. Para ello sirve al restaurador también
el uso de la fotografía aplicada, con la cual mediante el
uso correcto de la luz, la película y el tiempo de
exposición se pueden evidenciar por ejemplo rastros de
pinceladas distintas a las del cuadro en la superficie, o
alteraciones en la textura de la pintura con lo que sabemos
que hay algo más debajo de ésta, además de craqueladuras muy
finas, que denotan un exceso de resequedad en el material
pictórico, o falta de adherencia entre las capas, etc.
En última instancia, se puede recurrir al
análisis químico, con el que apoyado por un restaurador el
especialista busca a través de la química los rastros del
material preciso para determinar la época de factura de una
pieza, o basándose en un pigmento o un material específico
la posibilidad de una autoría, etc.
Todas estas herramientas sirven al
restaurador a una mejor comprensión de la obra a que se
enfrenta, de manera que su aproximación a ésta sea la mas
acorde con las necesidades de la pieza, vista siempre como
un total, pero tomando en cuenta siempre los diferentes
elementos que la componen.
En general se puede decir que la conservación
va encaminada a detener el proceso de deterioro y la
estabilización de la pieza, por ejemplo, la correcta
comprensión del comportamiento cada material frente a los
agentes climáticos, y la aplicación del correctivo justo
para devolverle a la pieza no solamente la posibilidad de
perdurar, sino de seguir ejerciendo su función en el caso de
un mueble.
El paso siguiente, la restauración como
proceso complementario de la conservación, consiste en
llevar el trabajo al nivel siguiente, es decir, una vez
asegurada la pieza, nos preocupamos por la parte estética
que es la que contiene todo el poder comunicativo en una
pintura por ejemplo o en una escultura. De hecho es mas
comprensible hablar de restauración en lo que se refiere a
obras de arte, más que a objetos de uso cotidiano en donde
la función es el fin mismo.
En el caso del arte, es distinto, su función
consiste en comunicarnos algo, una idea, un sentimiento,
premeditado en la cabeza del autor que plasma su idea sobre
una tela, un papel, un muro o le da forma con ella a una
pedazo de madera, de metal o de barro, etc. La obra misma es
contenedora de un mensaje, que es visual. Cuando por
deterioro, negligencia o accidente se rompe la imagen, el
mensaje deja de ser comprensible cabalmente.
El restaurador debe tener la habilidad y la
sensibilidad de reconocer el mensaje inscrito para completar
la imagen, y regresarle a la pieza su poder comunicador.
Hay toda una discusión sobre si se debe
“perder” la intervención para facilitar la comprensión de la
obra, o “evidenciar” el paso del restaurador poniendo sobre
el faltante solamente una base neutra, o líneas o puntos
gruesos para ayudar al espectador a distinguir fácilmente el
original de la restauración. Esta última técnica la
encontramos con frecuencia en las piezas de los museos.
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